Intrigas en la Villa y Corte

Primera parte

Aventura para Aquelarre por Xavier Alarcón (La Conjura), Miguel Aceytuno (Cantando las Cuarenta) y Ricard Ibáñez (compaginación y arreglos finales). Para jugarla es imprescindible el suplemento Villa y Corte.


Felipe IV, rey de las Españas
¿Por qué en las aventuras de nuestros Pj todas las pistas que se van encontrando tienen forzosamente que estar relacionadas con la trama central? ¿Por qué no una aventura en la que se entremezclen dos o más intrigas diferentes? Esta es la propuesta que te ofrecen los autores de esta aventura, ideal para ser jugada por un grupo algo numeroso (y quizá con un ayudante del DJ) para que los Pj puedan dividirse sin problemas. Para aquellos que no quieran complicarse la vida, las dos tramas de la aventura (la Conjura y Cantando las Cuarenta) pueden jugarse perfectamente por separado. Por cierto... cualquier parecido con ciertas líneas argumentales de la aventura y el juego de rol por correo Villa y Corte... no es pura coincidencia.

Introducción para el DJ. Villa y Corte, Octubre de 1621. (La Conjura)

¡El Consejero de Estado Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde de Olivares (que aún no Conde-Duque) tiene sobrados motivos para estar furioso! Han llegado hasta sus oídos rumores que afirman que el Rey se está planteando muy seriamente solicitar sus servicios como embajador en algún país remoto, quizá Lituania.Según parece, ha sido el conocido e influyente Juan de Tassis, Conde de Villamediana y Correo Mayor del Reino, el que ha recomendado a Su Majestad que enviara como embajador a un hombre resolutivo, con capacidad de decisión y gran astucia. Cierto es que la descripción del de Tassis sobre Olivares es bastante acertada, pero conocidas son por todos las diferencias entre ambos nobles de la Villa. Diferencias que no han pasado desapercibidas por el populacho, siempre pendiente de sus mayores, y que son la comidilla de reuniones y mentideros. Evidentemente, se tiene por cosa cierta que todo ello no es más que una trama urdida por el Conde de Villamediana contra don Gaspar, con laintención de alejarle de Su Majestad y así tener control absoluto sobre el joven Rey.

- Por cierto, la realidad es mucho más que lo aparente. Implicada en toda la intriga está la Vizcondesa de Villarroel, doña Alba de Alcázar, curada ya de su mal de amores (ver Un cadáver a medianoche en la pág. 103 de Villa y Corte). Dama de la Corte y Camarera de la Reina, ha solicitado a su actual amante, que no es otro que el mismísimo Juan de Tassis, que haga cuanto esté en su mano para alejar de la Corte a Don Gaspar, pues en conversación privada con la Reina doña Isabel ha sabido que ésta no desea más soportar la presencia del de Olivares en la Corte... (Su disgusto es debido a cierto reciente altercado que han tenido el Consejero de Estado y Su Majestad la Reina, altercado del que se puede tener conocimiento en el Mentidero de las Losas de Palacio). No obstante, la Reina no ha formulado orden alguna, limitándose a expresar su descontento, por lo que negará cualquier participación en esta intriga cortesana caso de que amenace con salpicarla. Por su parte, y como quiera que las cosas del Amor son un tanto irracionales, el Conde de Villamediana procurará en lo posible ocultar la responsabilidad de su amante en los hechos que se desencadenarán a continuación. -

El Conde de Olivares ni sabe ni le importan todos estos entresijos, preocupado como está en devolverle la estocada a su eterno enemigo el de Villamediana. Piensa, y con razón, que si hace perder prestigio al Correo Mayor el Rey no se atreverá a prescindir de sus servicios como Consejero, y lo retendrá a su lado a pesar de las intrigas del de Tassis. Para ello cuenta con poderosos aliados: Don Gaspar Bonifaz, Caballero de la Orden de Calatrava (oficiosamente, espía Mayor del Reino) y Don Luís de Vergel y Sotomayor, Alguacil Mayor de la Villa. Ambos odian a Tassis, pero por motivos bien diferentes: el primero por envidia, porque ve que el joven conde prospera en favor real e influencia, amenazando con llegar a unos niveles que él nunca soñó jamás. El segundo por venganza, ya que el de Villamediana, buen poeta y mejor satírico, ha manchado para siempre su honor esparciendo por toda la Villa el siguente libelo:

¡Qué galán que entró Vergel/ con cintillo de diamantes!/ Diamantes que fueron antes/ de amantes de su mujer.

(Cosa por otra parte rigurosamente cierta: La señora del de Vergel es una adúltera entusiástica y vocacional, que cuenta entre sus amantes con elementos lo bastante destacados de la corte como para que su marido deba hacer ojos ciegos y oídos sordos, para burla y escarnio de propios y extraños).

Sea como fuere, con tan buenos aliados (el poder público y el poder en la sombra), el conde de Olivares puede empezar a mover los hilos de su venganza. Su plan es muy sencillo. Usará sus contactos entre los cuevachuelistas de Palacio para conseguir los mensajes sobre los objetivos y misiones de los correos. Esa información será entregada a don Gaspar de Bonifaz, el cual mandará a algunos de sus hombres (reforzados con gente mercenaria, si es preciso) para interceptar a los correos y hacerles fracasar en sus misiones. Los Alguaciles de la Villa mantendrán una actitud pasiva ante los hechos. El colapso del servicio de Correos Reales supondrá la parálisis de todo el aparato burocrático de la Corte... y perder momentaneamente sus ojos y sus oídos en el Imperio, por lo que Su Majestad, debidamente aconsejada, puede incluso que se decida a solicitar la dimisión (o destituir directamente) al Correo Mayor...

Introducción para los Pj. (Cantando las Cuarenta)

Si no hubiera sido por su mala suerte, el Sargento no hubiera tenido suerte en absoluto, piensan los Pj dejando caer un puñado de tierra sobre la caja. ¡Qué triste que un veterano de los Tercios, con cien batallas a sus espaldas, haya tenido que morir de esta forma! Asesinado por unos ladronzuelos, por unas míseras monedas, en un asqueroso y oscuro callejón de los barrios de Germanías.

La tarde anterior, cuando alguno de los Pj estaba pasando el rato en el Mentidero de San Felipe, escuchó el rumor de la misteriosa serie de accidentes, descalabros e incluso asesinatos que de un tiempo a esta parte se están dando en la Villa... ¡Y en la mayoría de los casos, las víctimas son ex-soldados, veteranos de cierto renombre, cómo la última víctima, un viejo sargento de los tercios de Flandes, un tal Iñigo Arragastegui... Arragastegui... El Sargento...

Los Pj, (o al menos varios de ellos) han sido en el pasado compañeros de armas del difunto, y aunque últimamente habían perdido el contacto con el viejo soldado, han querido acudir al cementerio donde le van a dar entierro de pobre. Siempre hace frío en los cementerios. Aparte de dos vecinos y del grupo, nadie más ha acompañado al viejo compañero de los Pj. Una breve oración, un poco de tierra. Llueve. Mierda.

1. Algunas (que no todas) de las respuestas (Conjura y Cantando las Cuarenta)

(Sólo para el DJ): No, no es cierto que cuatro ladronzuelos jugaran la última partida con el viejo sargento. Puede que su nariz fuera quizás demasiado roja (debido a los tintos de Toledo a los que era tan aficionado), y puede que su cotona estuviera (aparte de un poco sucia) demasiado rellena a la altura de la barriga. Pero un ladronzuelo callejero no elije a un ex-soldado, posiblemente armado, ciertamente aguerrido y a buen seguro de bolsa escasa... en especial si puede conseguir una víctima mejor. Sí, el buen sargendo ha sido asesinado... Porque sabía demasiado: En la casa de juegos Flux no es oro todo lo que reluce... también brilla el acero. De cara a los clientes, se trafica con ocio, pero en la trastienda se vende muerte. Una secta demoníaca, llamada La Cofradía Infernal, que adora entre otros a los Demonios Frimost y Guland, necesita sangre viva para adular a sus Amos, y el dueño de la casa de juegos es un buen comerciante: Detecta demanda y cubre la oferta. La epidemia de desapariciones de niños que azota la Villa, que en ocasiones no respeta ni al barrio Libre, quizá tenga algo que ver con esto. Respecto a las otras muertes y descalabros de veteranos soldados... en su mayoría se tratan de Correos secretos, y de hombres que trabajaban para Juan de Tassis (que gusta de reclutar a los suyos entre los más valientes soldados). La Conjura del de Olivares empieza a dar sus frutos.

2. Don Cojuelo, Don Cleofás... y alguien más. (Cantando las Cuarenta)

Los otros dos asistentes al entierro parecen sentir realmente la muerte del viejo. Nada de extrañar, también los Pj le tenían aprecio. Se presentan como Don Cleofás y Cojulelo. Si los Pj actuan (por una vez) con normalidad, con el respecto y el tacto que se merece un amigo de cuerpo presente, lograrán su hospitalidad, su colaboración y quizá hasta su amistad. Por lo demás, son dos tipos absolutamente normales:

Don Cleofás es un escribiente grueso y tranquilo, que suda constantemente incluso en el frío invierno de Madrid. Como cuevachuelista (funcionario de la administración imperial), vive en la casa de Cojuelo, que por Regalía de Aposento ha de cederle habitación sin cobrarle nada. Todo hay que decirlo, Cleofás es un tipo tímido, de esos a los que no les gusta ni destacar ni molestar, por lo que adopta siempre un aire humilde y amable, a veces casi obsequioso.

Cojuelo es harina de otro costal. -¿Que por qué me llaman Cojuelo? Prefiero no hablar de eso, ¿sabes? Lo cierto es que le faltan los tendones de la pierna derecha, probablemente desjarretados de una mala cuchillada. A pesar de eso, no es tipo que dé pie a que le busquen las cosquillas. Más ancho que alto, parece muy capaz de cuidar de sí mismo. Es el dueño de la casa donde vivían el Sargento y Don Cleofás, pues redondea sus rentas con el alquiler de varias habitaciones de su caserón a forasteros de paso. Lo de la Regalía le fastidia bastante (como a todo Madrid)... pero lo cierto es que le ha cogido cierto cariño a Cleofás. Y cómo dice resignadamente, mejor buena persona educada conocida que impresentable por conocer, ¿no?

Por su parte, el Sargento y Cojuelo, fundidos del mismo molde, se entendían perfectamente. Y Cleofás era como el hermano pequeño de la pareja, siempre educado y siempre amable. Tanto casero como inquilino sienten realmente la muerte de su compañero de alojamiento, y si llegan a sospechar que el Sargento pudo ser asesinado ayudarán a los Pj en la medida de sus posibilidades... eso sí, sin llegar a poner su vida verdaderamente en peligro, (que no están los tiempos para jugarse el pellejo por cosas tontas).

Se despide el duelo. La vida sigue. Si alguno de los Pj pasa una tirada de Otear levantará la vista del suelo, para ver una Tapada que se aleja, entre los cipreses del cementerio. Quiere andar con paso recogido, pero no hace falta mucho mundo para reconocer el bamboleo de las andorras. Caso de pasar la tirada de Otear por la mitad o menos, el Pj hasta podrá vislumbrar un mechón de pelo rubio que escapa de su tocado negro. Quizá los del grupo piensen que incluso ellas vienen a llorar a sus muertos...

Pero si a alguno se le ocurre comentar lo de la mujer a Don Cleofás o Don Cojuelo, éste último les dirá que debe tratarse de la Tomasa, una antigua dama de medio manto, ya lejos de sus mejores años, que se gana la vida animando a jugar a los blancos que tienen la mala idea de entrar en el Madracho Flux. Garito que, mira que casualidad, también visitaba el bueno del Sargento. Que el mundo es un pañuelo, Don Cleofás. Ya lo puede usted decir, Don Cojuelo. Ya lo puede usted decir.

3. Aquellos que se meten dónde no son llamados... (La Conjura)

Si el grupo decide investigar sobre los otros "accidentes", agresiones y asesinatos, deberá recorrer mentideros (el de las Losas de Palacio y el de San Felipe son los más adecuados), cuarteles y bodegas frecuentadas por la soldadesca, con la sonrisa en los labios, la oreja atenta y la bolsa bien dispuesta. En otras palabras, efectuando tiradas de Elocuencia, Escuchar o incluso Soborno. Así podrán averiguar que han sido cuatro hasta ahora, los veteranos descalabrados en menos de una semana:

Los Pj pueden averiguar algo más: Tanto Benito Bastos como José Montaña eran Correos Reales... y se rumorea que los otros dos también estaban relacionados, más o menos, con el cuerpo dirigido por el Conde de Villamediana... (Nota al DJ: Falso. Ricardo Guerrero ha sido apaleado, efectivamente, por los criados de Diego Alonso de Galeote, ya que estaba importunando en demasía a su amada Ingrid von Gamper, una suiza de bastante buen ver... Respecto al sargento, tampoco tiene nada que ver con la conjura del de Olivares, como pronto se verá.

Ricardo Guerrero se encuentra guardando cama y lamentando su mala fortuna en su casa del barrio de la Malicia, atendido por su fiel criado Fermín. Baldado de cuerpo y de orgullo, no está precisamente de humor para asistir a interrogatorios acerca de sus descalabros amorosos, así que es bastante posible que envíe a los Pj simplemente al cuerno. Respecto a José Montaña se encuentra en el cuartel de los Dragones de Pavía, del que es Alférez, rodeado de un regimiento (literal) de italianos desconfiados y con muy malas pulgas. (Y es que todo el mundo sabe que los de Pavía se consideran mutuamente una gran familia...). Por último, los algüaciles no darán ninguna información acerca de Benito Bastos, y el cadáver encontrado en el Manzanares ha sido enterrado en fosa de pobre en el cementerio de los excomulgados (si los Pj se empeñan en desenterrarlo una tirada de Medicina o de Primeros Auxilios puede determinar que fue estrangulado con un cordón bastante fino, suponiendo que la Ronda les dé tiempo de realizar tanta pesquisa).

Investigar tanto a José Montaña como a Benito Bastos hará que dos personajes se interesen por los Pj: Uno es un mercenario y asesino a sueldo, y se llama Pablo Arias Dávila. El otro es un capitán de los Correos, y se llama Don Diego Guzmán Reales de Ulloa...

4. Los últimos días de un soldado viejo (Cantando las Cuarenta)

Si los Pj se han comportado con la corrección que las circunstancias exigen, Cleofás y Cojuelo no tendrán inconveniente en hablarles sobre los últimos meses del sargento. Gracias a unos ahorrillos conseguidos en sus tiempos del Tercio, alguna chapucilla espantando galanes por cuenta de maridos poco aguerridos y unas costumbres sencillas, se las arreglaba bastante bién. Sus únicos vicios conocidos eran dos, a saber: El vino (en particular, los tintos de Toledo), y las cartas (concretamente, el Siete y llevar, antepasado directo de nuestro "siete y medio" actual).

Lo que don Cleofás y don Cojuelo ignoran es que el Sargento tenía un tercer vicio: las mujeres (en particular, la Tomasa... ¡que el mundo, pues eso, es un pañuelo!)

El buen soldado satisfacía sus vicios básicamente en la muy conocida casa de juegos Flux. Aparte de en esta institución (de rancio abolengo en el barrio de Germanía), en su sencilla morada del barrio del Aposento), y en el camino que las unía (recto de ida y serpenteante de vuelta) era inútil buscarlo en otros lugares de la ciudad. ¡Que ya había viajado bastante de joven, como él decía!

La habitación del sargento (caso que los Pj quieran verla) es austera, limpia y ordenada... como corresponde al alojamiento de un hombre de armas con más honor que monedas en la bolsa. Una silla, un camastro, un arcón... es poco lo que necesita un soldado para vivir. Un registro (tirada de Buscar o de Otear/2) descubrirá, en el fondo del arcón, un cartucho de cobre, que contiene la hoja de servicios del sargento, y un legajo escrito de su puño y letra. Es una lista de nombres... Ni Don Cojuelo ni Don Cleofás podrán reconocer a ninguno de ellos, pero se ofrecerán a preguntar por el barrio, si los Pj lo desean.

La única arma presente en la habitación es una vieja carabina de caza, colgada de la pared. Quizá ello haga pensar a alguno de los Pj, y pregunte dónde están las otras armas del viejo soldado. En efecto, Cojuelo confirmará que el Sargento poseía dos pistolas de rueda, una Mata amigos y una Daga de Guardamano... Llevaba encima todo ese "arsenal" el día que lo eliminaron. (Ante lo cual, quizá a los Pj empiece a subírsele la mosca tras la oreja... ¿Para qué ir completamente armado a tomar unos vinos?)

Si los Pj se interesan por cómo y donde se encontró el cadáver, don Cleofás les dirá timidamente que él fue el que se tropezó con él. El cuevachuelista volvía tarde a casa, retenido en las Dependencias de la Administración por unos despachos urgentes. Era poco después del atardecer, demasiado tarde para que las buenas gentes anden por la calle, pero demasiado pronto para que las gentes de mal vivir salgan de sus madrigueras. Por ello la calle estaba desierta... a excepción del cuerpo inerte del pobre Sargento: "Iba de vuelta a casa, señores, y encontré al pobre hombre tirado en el suelo, en un charco de sangre. Aún respiraba, pero había perdido el habla. ¡Qué horror!"

El tímido escribiente seguirá divagando sobre el horror de la sangre, etc, etc. (No parece demasiado acostumbrado a estos negocios). Si se le insiste y se le anima a continuar (quizá tirada de Elocuencia), revelará un dato más: "No sé si es muy importante, y no quisiera levantar falso testimonio ante vuesas mercedes. Pero justo en la calle de antes crucé con cuatro hombres. No me pude fijar en más, que iban embozados. Sólo en la empuñadura de la espada de uno de ellos, que rozaba con la mano. Y que llevaba grabado un sol, o un círculo de oro."

Don Cleofás corrió a buscar la ayuda de un médico, vecino del barrio. Si los Pj lo desean, pueden también hablar con él: El Licenciado don Leandro Vidrieras es un fornido y grave anciano de barba blanca, corta y bien cuidada. No tendrá ningún problema en contestar a las preguntas del grupo, en especial si van acompañados de Don Cojuelo o Don Cleofás: A pesar de que vivía muy cerca de dónde se encontró el cuerpo, el sargento estaba lejos de toda ayuda humana cuando llegó. Por cierto, desde la casa del físico no se oyeron ni los gritos ni el ruido de armas propios de una pelea callejera.

Una tirada de Psicología revelará que el galeno duda, no sabe si decir algo. Si los Pj consiguen convencerle de su buena fe (interpretación, tirada de Elocuencia) o le comentan sus sospechas acerca de la extraña muerte de su amigo, le animarán a que les haga partícipes de sus propias conclusiones: ...Y perdonarán vuesas mercedes que me confiese ante ustedes, que un peso en el alma y las canas son juntos malos compañeros de viaje. Algo, algo me ronda en las mientes. He sido médico en esta Villa y Corte durante cuarenta años, y he visto, ¡Señor, he visto! Pero en este crimen había algo con lo que no había topado hasta ahora. Las heridas. En el combate por una bolsa hay muchas heridas leves, pocas graves y solo una mortal. Y el amigo de vuesas mercedes, Dios me perdone, tenía solo una herida. Por la espalda. Una cuchillada trapera... y mortal.

Esto debería bastar para despertar razonables sospechas en cualquier despierto Pj que tenga razonable conocimiento de los bajos fondos: Ningún ladrón de bolsas actua así. Solo matan cuando es absolutamente necesario. Los que liquidaron al sargento no eran salteadores. Eran asesinos.

Si los Pj preguntan en el cuartel de los Alguaciles se encontrarán con escasa colaboración (ninguna, de hecho, si han estado haciendo preguntas sobre correos muertos, desaparecidos o descalabrados): El informe de la Ronda es el de crimen producido por robo... ¡Y se acabó!


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